Putas zapatillas

Para los que llevaban mucho tiempo esperando, aquí está el relato ganador del I Concurso de Relatos de maraton.es. Su autor es charlifuster y como premio recibirá unas flamantes zapatillas de running para sus gestas futuras. Otra muestra de que la buena literatura y el maratón pueden ir de la mano.

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El flamante ganador del I Concurso de Relatos maraton.es

-¡Puff, y encima ahora nieve! ¡Vaya carrerita que tenemos hoy!- Mientras recibía una y otra vez todo el peso de Juan Carlos, Tackie iba maldiciendo el día que su dueño se decidió a apuntarse a este Kilómetro Vertical que le estaba haciendo padecer más de lo normal. Como buen taco, estaba acostumbrado a que sobre él recayese toda la masa del corredor de forma repetida mientras iba perdiendo su esencia, mientras iba desgastándose poco a poco hasta consumirse.

Pero esta vez había sido diferente, vale que el entrenamiento había sido duro, dos semanas seguidas haciendo catorce o quince kilómetros seguidos, pero aunque fuesen cuesta arriba el tiempo les había respetado y además lo hacían sobre asfalto. Pues aunque éste le consumía de forma más acelerada, lo prefería a los caminos de tierra, con la roja arcilla que no le dejaba ni respirar. La subida de aquel domingo era un infierno al lado del entrenamiento, Tackie iba al límite, contra viento y marea, como dicen en las películas de marineros y piratas. Los otros tacos de aquel par de “Asics” pensaban igual que él. E igual que ellos todos los tacos de las zapatillas que les iban adelantando o que ellos adelantaban. Ninguno de ellos recordaba tal sufrimiento, tal desgaste… y en aquella subida dominical todo parecía en contra de Tackie y sus camaradas.

Primero, tras tres o cuatro kilómetros de tierra que les habían dejado sin respiración, metiéndoseles el polvo por todas sus juntas, apareció el agua en forma de charcos que la lluvia se encargaba de llenar. Tackie notaba como Juan Carlos iba bajando el ritmo conforme las cuestas iban ganando en pendiente. Y lo notaba porque cada vez las fricciones y golpes eran más intensos. Un par de veces la carrera estuvo a punto de acabar para ellos, pues las rocas se volvían resbaladizas con el chaparrón que estaba cayendo y Juan Carlos casi se tuerce el tobillo. La carrera se convirtió en un verdadero viaje iniciático como el de Jesús y sus cuarenta días por el desierto, sólo que ni Tackie ni sus compañeros sabían el final feliz de la historia. Allí estaban, padeciendo como unos condenados a galeras que el salitre no deja de golpear su rostro. Ahora su salitre era el barro, con la arcilla sin dejar ver a sus compañeros de suelo. No era la primera vez que Tackie “disfrutaba” del barro, pero esta vez la cosa se estaba desmadrando, pues el lodazal duró varios kilómetros. Y cuando se acabó el barro la cosa fue peor.

Al subir en altura la lluvia se convirtió en copos de nieve. Estos no molestaban, pero el palmo de nieve acumulada sí. ¡Cómo no se le ocurrió a nadie de la organización anular la carrera en medio de aquel temporal! ¡Los espartanos al lado de los organizadores eran hermanitos de la caridad! El cruzar la meta entre los diez primeros lo cierto es que, además de una satisfacción personal para Tackie y el resto de sus compañeros de suela, supuso un descanso de lo más merecido. Cuando Juan Carlos se sentó a entrar en calor, lo primero que hizo fue sacar sus pies de las zapatillas y cambiarlas por unas bien secas. Con un sencillo lanzamiento al cubo de la basura acompañado de un lapidario “putas zapatillas”, la vida de Tackie junto a su dueño finalizaba. Ahora empezaba su carrera más triste.

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