Récords de la edad madura

Aunque no puede ni debe ser el único aliciente cuando se trata de correr, mejorar tus récords personales es quizá una de las mejores maneras de animarte para seguir dándole al running. Si encima lo consigues cuando ya te sitúas en esa franja un tanto indeterminada que acostumbramos a denominar edad madura, mejor que mejor.

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Nunca es tarde para batir nuestros propios records Récords de la edad madura  Récords de la edad madura nunca es tarde para batir nuestros propios records

Nunca es tarde para batir nuestros propios records

Lo bueno de los récords personales es que, como indica su nombre, son propios de cada uno y sólo los podemos batir nosotros mismos. Lo malo es que muchas veces se convierten una referencia un tanto cruel, porque si comparamos nuestros mejores registros con los que somos capaces de hacer ahora es muy posible que tengamos que admitir que no atravesamos un gran momento de forma.

Una oportunidad

Si en la celebrada novela Juegos de la edad tardía Luis Landero relata la existencia de un hombre maduro que intenta recuperar las inquietudes que tenía en su juventud ocultándose bajo la máscara de una nueva identidad, los récords de la edad madura nos brindan (a los que por uno u otro motivo, quizá porque no nos queda más remedio, nos consideramos maduros) la oportunidad de recuperar nuestra mejor forma sin para ello renunciar a nuestra identidad.

Libertad absoluta

Uno de los aspectos más positivos de este tipo de récords es que, independientemente de lo alto o lo bajo que nos hayamos puesto el listón, podemos aplicarlos a la disciplina o la distancia que nos venga en gana. Así, yo puedo tener mi récord de maratón, media maratón o diez kilómetros, pero también el de 400 metros, 100 o, si me apetece, 50 metros. Incluso puedo olvidarme de la distancia y centrarme en el tiempo, es decir, darle la vuelta a la tortilla runningera.

Sin límites

Nadie me impide establecer mi mejor marca personal en la hora, o en las tres horas, o en los diez minutos. Ni tampoco hay ningún obstáculo para contabilizar mi mejor registro cuando se trata de cubrir la distancia de Getafe a Leganés, de Girona a La Creueta o entre las poblaciones que me venga en gana. Incluso puedo calcular mi récord cuando se trata de correr de la puerta de casa al fresno de la esquina, o de la estación de tren al centro de poesía. Desde este punto de vista, podría pasarme la vida estableciendo nuevos récords personales, pero tengo muy claro que los más satisfactorios, los mejores, son los que se materializan en pruebas de renombre con distancias clásicas. Como la carrera de Norte contra Sur en Madrid, de la que hablaré en el próximo post.

  1. Ui, Josep, qué susto, por un momento (sólo un momento, lo juro)pensé que el de la foto eras tú. Perdónameeeeeeeeeeeeeeeee

  2. Josep Pastells 26 Junio 2009, 17:40 pm

    No hay nada que perdonar, Xènia. No me importaría nada parecerme al hombre de la foto.

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