Puede que la sentencia “renovarse o morir” sea un tanto exagerada, por lo menos si la aplicamos a una persona, pero es innegable que contiene parte de verdad. Todos sentimos en algún momento la necesidad de renovarnos, de buscar otras metas que nos permitan variar nuestros horizontes, ampliarlos y llenar de sentido eso que llamamos vida. Los corredores no somos ninguna excepción. Por arraigadas que sean nuestras costumbres, por mecanizados que tengamos nuestros rituales, de vez en cuando nos seduce la idea de cambiar, de hacer algo nuevo o distinto. Es lo que se llama renovar objetivos y, una vez completada la serie dedicada a los campeones olímpicos de maratón (un día no muy lejano hablaré de las campeonas), será el tema de los tres o cuatro próximos posts. Por si le puede interesar a alguien, éstos culminarán con el anuncio de mi próximo objetivo que, cómo no, será un nuevo maratón.

En el maratón, como en la vida, debemos ir renovando nuestros objetivos
Casi cualquier corredor podría sentirse identificado con él de no ser por dos detalles, quizá tres. De alguna forma, todos somos solitarios y anónimos. Y que levante la mano el que no se esté buscando a sí mismo, el que ya se haya encontrado y sea capaz de decir “soy yo”. Si es así, felicidades, pero si no lo es (casi nunca lo es) lo más probable es que también estemos luchando para adaptarnos al medio en el que nos ha tocado vivir. Partimos de situaciones muy parecidas a las del héroe de Le Clezio, pero los detalles a los que me refería antes hacen que seamos muy diferentes de él. No huimos hacia adelante: avanzamos con determinación porque sabemos lo que queremos. Nos marcamos un rumbo y escribimos día a día nuestro propio destino.
Ruptura y aventura
Como el propio Le Clezio, el equivalente a un Gebrselassie de las letras, que tras escribir a los 23 años una primera novela tempranísima, espléndida sin paliativos, fue depurando su estilo hasta convertirse, en palabras de la Academia sueca, en el “novelista de la ruptura, de la aventura poética y de la sensualidad extasiada, investigador de una humanidad fuera y debajo de la civilización reinante”. Le Clezio, por cierto, tiene cara de amante del running. Enjuto y animoso, no se cansa de reivindicar valores como la belleza, la ingenuidad o la inocencia, todos ellos muy apreciados por los corredores de raza, aquellos que no se cansan de descubrir mundos al ritmo de sus zancadas.
Seguir corriendo
De la misma manera que el Nobel francés considera que hay que seguir escribiendo novelas (“es un buen medio de interrogar al mundo actual sin tener respuestas que sean demasiado esquemáticas”), el humilde autor de este blog (o el autor de este humilde blog, elegid la fórmula que os disguste menos) defiende la necesidad de continuar corriendo. Nos vendrá muy bien para seguir descubriendo quién somos e ir pensando hacia dónde vamos.
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Muy bien, Josep, por fin te devanaste un poco los sesos! A ver, la serie olímpica está muy bien, pero lo que a mí me gusta es que des rienda suelta a tus pensamientos. Ànims, nen!
Estoy contigo, Ariadna. Prefiero al Josep discursivo, que se mete en todo tipo de berenjenales y consigue salir airoso. Como periodista mola, pero como escritor mucho más.
Ya veo que no te faltan seguidoras y no es para menos. Yo también soy como tú, Josep, un poco “serpiente” con necesidad de renovar mi piel de vez en cuando con nuevos objetivos. Feliz Semana Santa a todos!!!
De acuerdo, Ariadna. Ahora mismo empiezo a pensar jeje. Gracias por los ánimos.
¿En todo tipo de berenjenales, Xènia? Quizá empieza a fallarme la memoria, pero creo que exageras. Mola que me digas que molo, pero no pienso creérmelo.
Sí, Ángela, no puedo quejarme. Soy consciente, además, de lo complicado que resulta sacar tiempo de la vida cotidiana para leer un blog que incorpora nuevos posts cuatro o cinco veces a la semana y, encima, escribir comentarios. Lo que más me interesa y me importa es escribir, pero me encanta que me lean y me escriban. Muchas gracias, de verdad. Y feliz Semana Santa, aunque yo no me voy hasta el día 9.