Hace ya cinco semanas que corrí el Maratón de Barcelona y va siendo hora de aplicarse el título de esta serie de posts, que culmina hoy (imagino que el mundo del atletismo estaba expectante, quizá nervioso ante la falta de noticias) con el anuncio de mi próximo reto. Admito que tras correr en la ciudad condal se me pasó por la cabeza la idea de dejarlo, de olvidarme de los 42,195 kilómetros y, si acaso, seguir con carreras más cortas y menos incongruentes con mi complexión, pero mi cabeza empezó a llenarse pronto de nuevos planes y tentativas que me remitían una y otra vez al universo de Fidípides. Tras echar un vistazo al calendario especulé durante unos días con la posibilidad de afrontar mi tercera cita con la distancia en Toulouse, pero quizá me llegaba demasiado pronto (25 de octubre) y al final opté por una ciudad maravillosa que me tiene robado el corazón: San Sebastián.

Después de Madrid y Barcelona, ¿cuál será el siguiente reto?
Vacío físico y mental
La carrera en la ciudad condal me dejó con ese vacío físico y mental del que hace unos días hablaba Pau Montoya en uno de sus comentarios. No tenía nada claro por dónde seguir, pero puede que el propio Pau y Santi Sapena, que decidieron antes que yo correr este año en San Sebastián, hayan tenido algo que ver con mi elección. Casi seguro que sí, porque aunque a lo mejor ni llegue a verlos, como ya ocurrió en Barcelona, me gusta saber que formaremos parte del numeroso grupo de locos que a la caída del otoño correrá por la Concha en búsqueda de su gloria particular.
El milagro del maratón
Puede que cada carrera sea igual, o muy parecida, pero al mismo tiempo también es distinta, porque otras estrellas brillarán, ni que sea metafóricamente, sobre nuestras cabezas. La vida no es un cálculo ni una fórmula matemática, sino un milagro. Lo escribió Herman Hesse en El balneario y me apresuro a darle la razón, convencido de que los placeres y las alegrías, el llanto y el dolor forman parte de nuestra existencia y también del maratón.
Mi tercer reto
Para mí, acabar el primero (no confundir con acabar primero) en Madrid fue una experiencia increíble, mientras que superar el segundo en Barcelona me confirmó que incluso a los 42 años (ya no me queda nada para despedirme para siempre de esos dígitos) se puede mejorar. Y afrontar el tercero es la prueba más clara de que parte de mi destino depende de mí, de que mi futuro me pertenece y todavía soy capaz de entregarme a un proyecto tan emocionante como el que, si todo va bien, en noviembre me llevará a orillas del Cantábrico.
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¡Eres admirable! Madrid, Barcelona y ahora San Sebastián, fantásticas ciudades para recorrerlas como maratoniano. Genial elección.
No hay dos sin tres, dice el dicho, pero nunca una maratón es igual a otra, es como ver el paisaje desde otra perspectiva. Magnífica ciudad y un placer correr al lado del mar por el paseo que hay junto a la concha. No se si lo habrán cambiado, pero cuando fui yo, se daban dos vueltas a un circuito.
Eres un crack, Giusepe. Muchos ánimos para tu tercer reto.
Grandísima elección, Josep. Me encanta. Es la ciudad más bonita que emerge en el territorio estatal.
Seguro que estarás a la altura de su belleza decadente. Aprovecho para decir que las 43 castañas te caerán el día 20 de este mes…
Muchas gracias Laia, Antoni, Bernat y Pedro. Lo cierto es que Donosti siempre me ha encantado y será todo un placer correr junto a La Concha. Ahora me lo estoy tomando con calma, pero dentro de poco volveré a entrenar.