Un segundo (I)

Parece poco, casi nada, pero da para tanto que puede representar la diferencia entre la vida y la muerte o, poniéndonos menos trágicos, entre la satisfacción y el fracaso. Para los velocistas un segundo es más que un mundo, la diferencia entre la élite y la más absoluta de las mediocridades. Puede decidir un Tour, la final de la NBA o cualquier evento en que el más mínimo despiste en el momento culminante distinga al ganador del perdedor. En el ámbito de las carreras populares, lo lógico es que un segundo, un solo segundo, carezca de importancia. A menos que te hayas empeñado en lograr una marca concreta y todo se decida por un segundo, claro. Esta es la historia de un segundo decisivo, el que me apartó de mi récord el pasado domingo en Aranjuez o, tal vez, me permitió lograrlo por fin. No pienso aclararlo hasta el final del tercer post.

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Volvía a Aranjuez con la ilusión de, esta vez sí, batir mi propia marca Un segundo (I) Un segundo (I) cinco segundos i
Volvía a Aranjuez con la ilusión de, esta vez sí, batir mi propia marca

Puede que alguno de vosotros haya leído la crónica de mi récord frustrado. Fue el año pasado en Aranjuez, cuando a finales de diciembre lo tenía todo de cara para conseguir mi mejor marca en 10.000 metros (por lo menos la mejor en la madurez, para qué recordar lo que hacía veinte años atrás) y llegar a la meta en 45 minutos clavados. Llevaba el ritmo perfecto para lograrlo y, cuando apenas me quedaban quinientos metros, tropecé y perdí las gafas y unos segundos preciosos que ya no pude recuperar. Resultado: 45.03. Tres segundos de nada que no es que me condujeran a la frustración pero sí que me dejaron un sabor amargo y me hicieron prometerme que al año siguiente volvería al Real Sitio.

Regreso a Aranjuez

Domingo, 21 de diciembre de 2008. Un día espléndido, con menos frío que el año pasado y un cielo azul que invita a pasear por el Palacio Real, el Jardín del Parterre o la Plaza de la Mariblanca, por citar sólo tres de los atractivos de la ciudad creada para reyes. Pero no he venido a pasear, sino a correr y a batir mi récord. Inés e Iván me acompañan en coche desde Getafe, con la misión de apoyarme en los últimos metros y realizar un reportaje fotográfico que, espero, me servirá para recordar una fecha en la que, por fin, conseguí correr los diez mil en 45′, a una media de 4.30 por kilómetro que no es nada del otro mundo pero pasados los 42 empieza a ser bastante decente.

Calentamiento

Ya he contado alguna vez que no adoro el calentamiento, pero sé que es imprescindible para evitar lesiones y antes de cualquier carrera siempre troto algunos minutos, aunque sea a regañadientes. Pero este domingo es muy especial. Coincide con el 25 aniversario de la Carrera Popular Villa de Aranjuez, una de las más prestigiosas del calendario madrileño, que cada año bate sus propios registros y en esta edición alcanza por primera vez los 4.000 corredores. Mi mentalización es mucho más fuerte que de costumbre y, en consecuencia, caliento como un poseso. Trotando, esprintando, saltando, dando puñetazos al aire e incluso, en un alarde de agilidad que casi acaba con mi cuello, ejecutando una suerte de salto mortal sobre el césped ante la mirada atónita de los transeúntes. Puede que esté gastando demasiadas energías, pero me siento preparado.

  1. yo creo y espero que bajaste de los 45 pero voy a tener paciencia aunque tenga muchas ganas del desenlace.

  2. Muchas gracias, Santi. Los días 26 y 27 acabaré de contarlo. Por cierto: ¡felices fiestas!

  3. Como todo en este mundo, el tiempo, es relativo, y si, para le gente de élite un segundo s mucho, en un maratón, rasgar un segundo en cada kilómetro, significa fajar 42 segundos, y esto puede hacer que un atleta gane, o llegue cuarto, por ejemplo. Pera nosotros, es distinto, pero si nos ponemos un objetivo, y no lo alcanzamos o si, pero es por un segundo mas o menos, pude llevarnos de la euforia a la depresión. Espero que en tu caso haya sido lo primero.

  4. Incidiendo un poco en lo que comentábais días atrás sobre los margenes de la libertad,creo que los objetivos personales son una de las manifestaciones más claras de ello. Son nuestros y sólo nuestros, pueden marcar nuestro estado de animo en función de si se cumplen o no. Seguiré leyéndote, Josep.

  5. Exacto, Antoni, siempre hay que relativizarlo todo, incluidos “éxitos” y “fracasos. Si lo miras friamente hay cosas que pueden parecer una tontería pero que para uno son muy importantes y esa es tal vez una de las claves de la libertad, Xènia: poder plantearse (o no) retos personales, exclusivos de cada uno.

    Y ya que estamos en Navidad: ¡Felices fiestas!

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