Zancadas de miope (I)

A aquel que tiene le será dado más. Estas palabras del libro de la Sabiduría, que abren la inolvidable Impaciencia del corazón de Stefan Zweig, las podría confirmar con absoluta rotundidad cualquier miope que se entretenga unos segundos con la evocación del ritmo de crecimiento de sus dioptrías. Luego llega un momento en que el proceso se estanca, pero acostumbra a ocurrir cuando ya es demasiado tarde para prescindir de las gafas, las lentillas o, si te apetece y dispones de la pasta suficiente, las operaciones quirúrgicas. Lo que está claro es que, por muy miopes que seamos, los que corremos también necesitamos ver.

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La miopía en los corredores es un fastidio Zancadas de miope (I) Zancadas de miope (I) gafas
La miopía en los corredores es un fastidio

Hace ya años que mi madre me dice que me opere, que ella me costeará la operación. Sabe de sobra que soy pobre, pero no acaba de entender que mi indiscutible valentía no es lo suficientemente grande como para meterme en un quirófano por propia voluntad. Ya lo hice a los dieciséis años por culpa de la fimosis y, aunque admito que desde entonces me siento mucho mejor, nunca olvidaré el pinchazo, ni las risas de las veinte enfermeras que me rodeaban (¿no tenían nada mejor que hacer, esa mañana, en la Clínica Girona?) ni, mucho menos aún, el sonido de las tijeras mientras cortaban sin demasiados miramientos el pedazo de prepucio que me sobraba. Puede que con los ojos fuera distinto, pero ya hace muchos años que estoy acostumbrado a llevar gafas y así estoy bien.

Bronca del oculista

Antes de alcanzar la mayoría de edad, cuando jugaba al baloncesto, todavía no se me había desarrollado la miopía y, por lo tanto, no tenía ninguna dificultad para ver bien la cesta o los ojos de mis compañeros o contrincantes, algo imprescindible para visualizar las jugadas incluso antes de que se produjeran y, por ejemplo, robar balones o dar asistencias. Fue en mi etapa universitaria cuando descubrí que tenía dificultades para identificar a la gente que me saludaba por la calle a poco más de cincuenta metros. Forzaba mucho la vista y a pesar de ello no acababa de reconocerlos y tenía que acercarme un poco más. Cuando fui al oculista me echó una bronca monumental por no haber ido antes y dijo que no comprendía cómo podía conducir en ese estado. Yo no entendía nada. Hasta que me puso unas lentes en los ojos y lo vi todo mucho más claro. ¿Así ve la gente normal? ¡Qué maravilla!, exclamé.

Las primeras gafas

Lo cierto es que en aquella época apenas alcanzaba una dioptría por ojo, con lo cual, dentro de mis limitaciones, podía ver bastante bien sin gafas y, en consecuencia, sólo me las ponía para leer. Fue entonces cuando me aficioné a correr y casi todos los domingos participaba en alguna carrera de diez o doce kilómetros a la que muy a menudo llegaba sin haber dormido nada, tras una noche de fiesta en la que la ingestión de bebidas alcohólicas superaba con creces lo recomendable en un deportista. Pero mi cuerpo, qué duda cabe, era otro, capaz de correr a un ritmo más que decente sin reclamarme el merecido descanso hasta después de la ducha, cuando podía permitirme el lujo de dormir hasta la hora del almuerzo. Pero unos años después, cuando empecé a trabajar y pasaba muchas horas delante del ordenador, las dioptrías se dispararon hasta las cuatro actuales (creo, hace mucho que no voy al oculista) y me obligaron a ponerme gafas en casi todas las situaciones.

  1. Entiendo que no te guste pisar los quirófanos. LO de llevar gafas no es tan grave, sobre todo cuando te acostumbras. Qué te voy a contar!

  2. Las ramificaciones de este blog no dejan de sorprenderme, Josep. Creo que le pueden gustar a cualquier ajeno al running.

    Pero si encima te gusta recorrer los caminos a velocidad de felino, se aprovechan aún más. Buena pregunta, cómo ser una humilde locomotora humana con gafas sin pegarte muchos porrazos o sin grandes problemas? Intuyo que en los próximos días lo averiguaremos de primera mano.

  3. Así es, Xènia, hay cosas mucho peores.

    La verdad, Pedro, y tú lo sabes bien, es que cuando escribes siempre se te abren multitud de caminos y lo complicado es decidir por dónde vas. Lo de las gafas me lo sugirió una amiga y la verdad es que da mucho juego, aunque de momento lo reduciré a dos posts.

  4. Las gafas te sientan muy bien!!! Y estoy segura que con ellas ves las cosad de otra manera lo que te permite escribir tan bien como lo haces.

  5. Cuando me pusieron la primeras gafas a los 9 años, el oculista le dijo a mi madre: Mejor que las lleve siempre, pero si se las pone solo para leer es suficiente. Mi madre dijo que mejor que las llevara siempre que si no las perdería. I así fue, no perdí ningunas, pero casi cada año me tenían que hacer unas de nuevas porque las rompía. Ahora ya no las rompo (tan a menudo). Yo tampoco quiero operarme, forman parte de mi personalidad, además, estoy acostumbrado a ellas, y lo único que hacia sin gafas era correr, mi hipermetropía, no era ningún problema para correr, aunque fuera cuesta abajo, por un camino de cabras lleno de piedras, era donde mejor me desenvolvía. Ahora, corro con gafas, mas que nada para ver el cronómetro, y es que ahora además tengo vista cansada.

  6. Mirado por el lado positivo estás de suerte.

    Tienes la opción de no llevar gafas, y así no ver.

    No ver tus pies, no ver los perros, no ver los cronómetros, no ver los puestos en blancos, no ver a los que corren a tu lado, no ver a los de pantalones cortos, no ver a los que ganan, y no ver a los 100 que quedan por detrás.

    ¡¡¡Ponte las gafas sólo cuando quieras ver!!!, y esperemos que sea muy a menudo.

    Gracias por la lectura.

  7. Antoni, mi hijo Pol también tiene hipermetropía y lleva gafas desde los siete años. A mí me encantaría correr sin gafas, pero es que en mi caso ya sería entrar en otra dimensión, en la que ves formas y colores pero no acabas de definir nada. Imagínate que ves algo verde que parece que se acerca y hasta el último momento, cuando ya es demasiado tarde, no descubres que se trata de un autobús.

    Me has recordado a mi madre, Ana, que siempre dice que para oír lo que tiene que oír mejor no oír. Hay tantas cosas que sería mejor no ver! Pero, como bien dices, hay tantas otras que sí deseamos ver! Gracias a ti.

  8. No estoy de acuerdo. Es mucho mejor ver nítidamente en cualquier momento y poder girar el cuello cuando te apetezca.

  9. Hola:
    Pertenezco a un grupo que organiza una carrera de montaña de 12 Km y estoy buscando algun progama para PC que me permita cronometrar los tiempos. Saben de alguno. Gracias

  10. Josep Pastells 6 Marzo 2009, 9:11 am

    Buenas, Julio. La verdad es que no tengo ni idea. En la página carreraspopulares.com hay una calculadora de tiempos para carreras, pero creo que no es lo que estás buscando.

  11. Y yo (como buen runner noob) me pregunto si no se podrían graduar gafas de running??? (si ya es alguna de esas que lleva mp3 ni te cuento) porque la verdad no me hace mucha gracia ir ya sin gafas (imagina que corres con media familia y no eres capaz de reconocerlos entre todos los corredores que te rodean XD), así que algún remedio habrá, ¿no?

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