Zancadas de miope (II)

Las nuevas tecnologías acuden en tromba al servicio del corredor. Pulsómetros, cuentakilómetros, MP3, ropa transpirable cada vez más cómoda y, obviamente, también gafas. Con lentes ventiladas, resistentes a los impactos, perfectamente adaptadas a la cara y, cómo no, ideales para correr en cualquier época del año. Algunas incluso repelen el agua, el polvo y la grasa. ¿Se puede pedir más? Seguro que sí, pero en plena crisis (aunque algunos, entre los que me cuento sin haberlo pedido, más que de crisis coyuntural deberíamos hablar de pobreza perpetua) hay unas cuantas personas que no pueden permitirse tener unas gafas específicas para el running y, en consecuencia, utilizan las mismas de siempre.

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Afortunadamente, cada vez encontramos más complementos para corredores con problemas de vista Zancadas de miope (II) Zancadas de miope (II) 10k
Afortunadamente, cada vez encontramos más complementos para corredores con problemas de vista

Una de las ventajas indiscutibles de que las dioptrías vayan creciendo es que, a menos que te hayas enamorado locamente de una montura y decidas exhibirla por los siglos de los siglos huyendo además de la esclavitud de las modas, de vez en cuando te ves obligado a cambiar de gafas y, por reducidos que sean tus recursos económicos, conservas unas cuantas que te pueden ser muy útiles mientras buscas el entrenamiento más adecuado. En mi caso, las penúltimas que usé son muy ligeras, de un material cuyo nombre no recuerdo pero que destaca por su fortaleza y elasticidad. Son casi irrompibles y se han convertido en mis gafas de corredor.

Lentillas y parches

Hubo una etapa anterior, en la que corría menos que ahora pero practicaba mucho deporte (pesas, artes marciales y algo de natación) en la que me atreví con las lentillas, otra de las opciones a nuestro alcance. Si nos fijamos sólo en la visión son mucho mejores que las gafas. La perspectiva es completa, sin puntos débiles. Con las gafas, si no giras la cabeza y miras hacia los lados, o hacia arriba o hacia abajo, no tardas ni medio segundo en recordar que eres miope perdido. Con las lentillas eso no sucede. El problema es que si tienes los ojos sensibles pueden convertirse en un suplicio y si coges una conjuntivitis, como me ocurrió a mí años atrás, es muy posible que durante unos días te veas obligado a llevar un parche que, con un poco de maquillaje y la vestimenta adecuada, te convertiría en un viejo lobo de mar sacado de una novela de Robert Louis Stevenson.

Correr con gafas

Tras la conjuntivitis volví a las gafas, no creo que os extrañe. Pero correr con gafas no es lo más cómodo del mundo, ya os lo podéis imaginar. Podría decirse que es otra forma de luchar. Si llueve, las lentes mojadas no disponen de limpiaparabrisas como los coches y limpiarlas con la mano o la camiseta contribuye bien poco a refinar tu visión. Si no llueve todo va un poco mejor, pero el impacto de las gafas contra la nariz acostumbra a dejar huella, por no hablar de lo incómodo que resulta tener que estar recolocándolas una y otra vez. Si te caes es muy fácil que también se caigan y quizá se rompan. Si alguien te tira una piedra no es descartable que los cristales se te incrusten en el ojo, y si de pronto aparece un psicópata especializado en corredores gafotas es bastante probable que mueras cosido a balazos. Pero tal vez exagero. Al fin y al cabo, las gafas han acabado convirtiéndose en una parte más de mi cuerpo y, ahora que lo pienso, si no tuviera que llevarlas las echaría mucho de menos. O eso creo.

  1. Después de leer con mucha atención tu post, me pregunto: ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, donde el hombre hasta ha sido capaz de simular el nacimiento del universo, no haya podido inventar una “pastillita” para solucionar los problemas de visión?

  2. Buena pregunta, Inés. Pero hay tantas cosas que no se han inventado y serían necesarias que me temo que la lista personal de cada uno llenaría más posts de los que caben en esta página.

  3. Bueno, chicos, no perdáis la esperanza. De lo que no cabe duda es que estamos mejor que nuestros tatarabuelos sapiens.

    Así que, visto lo visto, las gafas pueden servir también para indicar a la gente que además de corredores somos intelectuales. ¿No es mala indicación, no?

  4. Ser miope no es fácil. Es una suposición, yo no lo soy.

    No sé por qué (seguro que es porque no soy corredora ni tengo nada que ver con el deporte), pero al leer tu entrada (que ssí lo hago porque soy lectora), me he acordado de “Ensayo sobre la ceguera”, un libro desgarrador y fascinante.

  5. Me ha causado una enorme alarma mental esto de que si viene alguien y nos lanza una piedra, se me pueden incrustar los cristales en el ojo, pero, (Y la piedra?!! En este caso da lo mismo llevar gafas que no llevarlas, incluso es posible que las gafas amortigüen el golpe, pero mejor no probarlo. Y lo del psicópata mejor ni pensarlo. Penándolo bien, la verdad, prefiero que me muerda un perro.

  6. Después de toda una vida con ellas, yo también me sentiría extraño si no llevara las gafas puestas al correr.Reconozco que pueden llegar a ser un incordio, sobre todo cuando las condiciones climatológicas no acompañán,pero creo que lo bonito del deporte es precisamente superar las dificultades y el llevar gafas no es más que una pequeña parte de las incomodidades.Yo no me las quito ni para la foto de recuerdo…

  7. Ufff, Ana. El simple hecho de recordarte una obra de Saramago, sea la que sea, hace que se me ponga la carne de gallina. Es uno de mis favoritos.

    Jajaja, Antoni, a ver si ahora tienes pesadillas en las que las piedras (con cristales o no) se mezclen con los disparos de un psicópata y los mordiscos de unos cuantos perros!

    Así me gusta, Ramón. Con las gafas a todas partes, como los buenos gafotas entre los que, por descontado, me incluyo también.

  8. Pedro, acabo de ver tu mensaje. Bueno, conozco a unos cuantos que llevan gafas (ninguno de los que escribe en este blog, eh) y tienen tanto de intelectuales como nuestros tatarabuelos sapiens.

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