A la búsqueda del entrenamiento más adecuado

Antes de afrontar un maratón es necesario que seas realista con tu estado de forma y te plantees objetivos asequibles. A menos que quieras parecerte a la sonámbula que, en uno de los cuentos de Marco Tulio Aguilera, encuentra la pasión en la inconsciencia, intenta no cometer locuras. Si se trata de la primera vez, lo más sensato es que tu único reto sea acabarlo y siempre por encima de las cuatro horas. Aun así, debes disponer de un plan de entrenamiento que especifique los días y kilómetros que vas a correr. Tampoco es indispensable que lo sigas al milímetro, pero hazlo con el rigor suficiente para asegurarte las dosis correctas de carrera continua, pesas, cambios de ritmo y rodajes largos.

El mejor método de entrenamiento es el que más se adecua a nuestras posibilidades
Seguir un programa de entrenamiento no garantiza nada, pero sí que nos da muchas más posibilidades de alcanzar el reto que nos hayamos planteado. Si queremos hacerlo bien, deberemos actuar de forma parecida al protagonista de Cooper o las soledades elementales, de Patrick Lapeyre, que sigue desde hace años el mismo itinerario, pasa por las mismas calles, camina siempre por el mismo lado de la acera y se detiene invariablemente frente a los mismos comercios. De todas formas, los planes de entrenamiento quizá ofrecen un poco más de variedad, aunque sólo sea porque acostumbran a incrementar progresivamente los rodajes, la velocidad en las series, los kilómetros a recorrer y, en suma, las dificultades que debe afrontar un atleta que aspira a estar cada vez mejor preparado.

Rodajes largos

En mi caso, en el pasado Maratón de Madrid seguí los consejos de algunos expertos que, para bajar de las cuatro horas, recomiendan correr más de 60 kilómetros semanales. También consideran necesario realizar un par de rodajes largos, de hasta 40 kilómetros, para que tu cuerpo haya pasado por lo menos una vez por la experiencia antes de participar en la prueba definitiva. Sin embargo, al pensar que para mí era algo excesivo, opté por quedarme en los 34 kilómetros, en una sesión que incluyó subir de La Creueta (Girona) hasta el santuario de Els Àngels, volver a bajar y después ir hasta Quart y regresar por la antigua vía del tren. Recuerdo que acabé al límite de mis fuerzas y que cuando apenas me quedaba un kilómetro para llegar a casa de mis padres me crucé con el poeta y comunicador gerundense Antoni Puigverd, también un amante del running a quien, no sé muy bien por qué, en un gesto fronterizo entre la vanidad y la estupidez, conté entre resoplidos la gesta que acababa de realizar.

55 kilómetros y cuatro sesiones semanales

El caso es que poco después corrí el Mapoma y, sin dejar de trotar en ningún momento, conseguí llegar vivo a la meta. Aunque la experiencia no puede calificarse de negativa, todo lo contrario, sospecho que mi entrenamiento no fue el más adecuado y este año prefiero hacer caso de otros expertos que aconsejan no realizar nunca rodajes de más de dos horas. En ese tiempo, un maratonni (de tonelada, en alemán tonne) como yo difícilmente podrá superar los 25 o 26 kilómetros en una sola tirada. Además, procuraré no pasar nunca de los 55 semanales, divididos en cuatro sesiones que incluirán carrera continua, series, cuestas, cambios de ritmo y rodajes largos. Esta vez, mi objetivo es el Maratón de Barcelona, al que ya me inscribí hace un par de meses con la intención de no echarme atrás. Motivación no me falta y haré todo lo posible para bajar de las cuatro horas. Es más, si no sufro ningún accidente o agresión que me lo impida, me comprometo a bajar de las cuatro horas.

josep.pastells@coguan.com

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