A solas con el corredor de fondo (IV)

“Me gustaría continuar tratando el tipo de temas con los que estoy trabajando ahora. Temas relacionados con el mundo en el que vivimos, los problemas y asuntos que afectan a las personas en la sociedad actual. Creo que las películas deberían ser una fuerza inmensamente dinámica y poderosa dentro de la sociedad y tener, en este momento, un papel especialmente polémico”. Estas declaraciones entrecomilladas son de Tony Richardson y fueron realizadas en 1962, poco después de dirigir La soledad del corredor de fondo. Ayer anuncié que no pensaba desvelar el final del film, pero a lo mejor puedo dar algunas pistas porque, al fin y al cabo, un espectador atento puede intuir lo que sucederá mucho antes de que suceda.

A pesar de todo, el corredor de fondo sigue sintiéndose solo

A pesar de todo, el corredor de fondo sigue sintiéndose solo

Sabemos que el protagonista, Colin Smith, encarna en casi todo la imagen del rebelde. Y que el director ha sido capaz de imprimir a la película un ritmo tan fuerte como el de cualquier corredor que avanza al límite de sus posibilidades. La coherencia narrativa es extraordinaria y la profundidad psicológica, inusual. Colin lleva ya tanta distancia a su inmediato perseguidor que parece imposible que pierda la carrera. A menos que quiera perderla, claro. No sé si habéis leído un cuento de Javier Marías en el que un futbolista se queda completamente solo ante la portería, superado ya el portero, y en vez de empujar el balón hasta la red se limita a colocarlo sobre la línea de meta, sin traspasarla. Un escalofrío generalizado recorre el estadio. Nadie entiende nada. El objetivo de cualquier delantero es marcar gol, no complicarse la vida con jueguecitos que sólo pueden servir para que algún defensa o el propio portero alejen el balón. Creo recordar que, tras unos instantes interminables, el delantero hace lo que todo el mundo (excepto los rivales, claro) está deseando que haga, pero tras haber dejado claro que podía no haberlo hecho, que quizá por un instante se le ha pasado por la cabeza no hacerlo.

Espíritu transgresor

Volvamos a Colin. Nació en un barrio obrero y siempre ha llevado una vida mecanizada y alienada. Es cierto que jamás se ha conformado con lo que tenía y ese es, tal vez, el principal motivo de su ingreso en el reformatorio de Ruxton Towers. Incluso allí es evidente que tiende a chocar con la autoridad, aunque se esfuerza en aparentar que se adapta, que hará lo que sea necesario –incluso a costa de tener las uñas negras– para satisfacer al director. Y no hay nada que el director desee más que ganar el campeonato de cross, superar a los otros colegios y sentirse el mejor. Colin lo tiene al alcance. Ya divisa a lo lejos la línea de meta y sabe que todo depende de él. ¿Cómo reaccionará?, ¿se dejará llevar por su espíritu transgresor? Pensad lo que queráis, pero el cuento de Marías sólo era una pista, no necesariamente ajustada al desenlace de la película de Richardson.

Libertad

La mayoría de los corredores nunca tenemos la opción de ganar una carrera, ni siquiera de conquistar Milán. Si participamos en estas pruebas es porque nos gusta y, como mucho, competimos contra nosotros mismos, pero jamás hemos podido cruzar la línea de meta en primer lugar o, tal vez, renunciar a ello. Pero en muchos otros aspectos de nuestra vida sí que se nos plantean situaciones similares, echadle toda la imaginación que queráis. Y puede ser que todo el mundo esté esperando y deseando que hagamos algo que se supone que es bueno y necesario pero nosotros nos planteemos no hacerlo o, en última instancia, no lo hagamos. No hay nada mejor que sentirse libre y dueño de tu propio destino, aunque en el fondo sepamos que no sea cierto. O tal vez sí. Tal vez las pequeñas o grandes decisiones marcan la frontera entre los autómatas y los espíritus libres. Creo que La soledad del corredor de fondo, esta película que he exprimido hasta la extenuación en una serie de seis posts, va un poco de todo esto. Y también pienso que su discurso permanece vigente, que todos podemos sentirnos corredores de fondo y escapar ni que sea por un momento del estado de dócil obediencia en que las autoridades desean recluirnos.

  1. Buen mensaje, Josep. A ver si se van a creer que todos formamos parte del rebaño. Por mí, cuantas más ovejas descarriadas mejor.

  2. Para nada me siento libre de elegir mi destino. Es cierto que tengo la capacidad de elegir y así lo hago, pero siempre dentro de un segmento que ya me gustaría a mí que fuera mucho más amplio.

  3. Ovejas descarriadas al poder, Xènia!

    Ya, Inés, los límites siempre están ahí y, por muchas decisiones que puedas tomar, nunca te acabas de sentir libre. Pero el margen es más amplio de lo que parece, todo depende de cómo lo enfoques.

  4. Muy bueno el razonamiento final. De el, deduzco que la soledad del corredor de fondo, es la soledad en que está el individuo a la hora de tomar sus propias decisiones. Puedes ser libre de tomar tus decisiones o tomar unas decisiones para seguir en libertad.

  5. Todo el mundo se ha sentido alguna vez prisionero de la vida que lleva sin darse cuenta que es su propia desidia y dejadez la que le impide atisbar nuevos caminos.Grande o pequeño, yo soy de los que piensa que todos tenemos un cierto margen de maniobra para conducir nuestra vida, aunque a veces hacer uso de él nos cueste la incomprensión de los demás.

  6. Exacto, Antoni y Ramón. Creo que habéis deducido perfectamente el mensaje de la película. Las derivaciones filosóficas serían infinitas, pero lo esencial reside en vuestros comentarios.

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