Alberto Salazar: el conocido como gurú del atletismo

Alberto Salazar nació en 1958 en La Habana, Cuba. Su familia salió del país cuando era muy joven para vivir en los Estados Unidos. Ellos fueron a Miami, después a Connecticut, y entonces a Massachusetts, donde se quedaron. Con tres hermanos y una hermana, el concepto de familia fue muy importante para Salazar.

Durante los años de 1977 – 1981, asistió a la Universidad de Oregon, una universidad renombrada por su programa atlético de correr. Obtuvo fama en la comunidad nacional de corredores cuando ganó el Maratón de Nueva York por primera vez en 1980.

Alberto Salazar, runner profesional de pies a cabeza

Alberto había crecido deportivamente en la universidad de Oregon. Ahí se fraguó una relación fundamental. Oregon es la sede de Nike. A Nike volveremos más tarde. Adicionalmente, Eugene es una ciudad que vive el atletismo en pista hasta niveles epopéyicos. Y Salazar llevó el atletismo universitario a niveles de locura similares al baloncesto o fútbol americano, llenando el Hayward Field Stadium con sus apariciones.

Fue campeón de la NCAA en 10.000 metros y batió al keniano Henry Rono, que había emigrado en 1976 a la universidad de Washington. Este contra oeste. Un escenario de duelos que cimenta leyendas.

Tras el fiasco norteamericano por la ausencia de los países occidentales a los Juegos de Moscú 1980, Salazar debutó en maratón. Debutó con 2:09, mejor tiempo de siempre para un novato. Repitió un año después, ya convertido en leyenda y se lanzó en 1982 a un doblete mortal.

Ganó en Boston venciendo en un día tórrido de Abril a Dick Beardsley y sufriendo físicamente tras no haber ingerido apenas líquido en los cuarenta y dos kilómetros. Las consecuencias de ese famoso ‘Duelo al Sol’, llevado a la literatura en 2006, significarían el declive al año siguiente. Aun así venció en Nueva York ese mismo año.

Su estado físico no sería el mismo. Aunque retornó posteriormente a la competición, y de manera breve, la obsesión por el entrenamiento le presionó de tal modo que tuvo que tirar del demoledor Prozac para superar la depresión. Se veía fuera de la élite y frecuentemente lesionado o enfermo. Salazar no podía desengancharse de su pasión por entrenar. Y continuó vinculado al atletismo como entrenador.

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