Gloria olímpica (IV): Johnny Hayes

Desde el punto de vista organizativo, los Juegos Olímpicos de Londres en 1908 fueron los mejores celebrados hasta entonces. La respuesta del público también estuvo a la altura de la gran fiesta del deporte mundial, que reunió a 21 países que aportaron casi 2.000 atletas. Una buena muestra de la repercusión del evento son los 70.000 espectadores que llenaron las gradas del estadio de Sepherd’s Bush para presenciar el final del maratón. Se impuso el norteamericano Johny Hayes, pero el gran protagonista de la prueba fue el italiano Dorando Pietri.

Johnny Hayes alcanzó la gloria en Londres 1908

Johnny Hayes alcanzó la gloria en Londres 1908

Trabajaba de pastelero en Capri y llevaba el dorsal 19. Sus prominentes bigotes destacaban casi más que su pequeño cuerpo, muy apropiado para las pruebas de fondo. Dorando Pietri no entraba en ninguna de las apuestas sobre el ganador del maratón, centradas en tres norteamericanos y un británico. Nadie contaba con él, pero estuvo a punto de dar la gran sorpresa.

De menos a más

El maratón acostumbra a premiar a los atletas que van de menos a más, justo lo que hizo Pietri durante la mayor parte de la prueba. Tras una salida bastante floja en el castillo de Windsor, el diminuto corredor italiano fue remontando posiciones para acercarse a los puestos de cabeza. Y todo ello bajo la atenta mirada de los miles de curiosos que se agolpaban a ambos lados de la carretera para observar de cerca a los esforzados atletas.

La fuerza del débil

El gran favorito, Johny Hayes, también era de baja estatura, pero de complexión bastante más fuerte que el frágil Dorando. Ya sabemos que estar más fuerte no es ninguna ventaja en maratón, pero viéndolos de lado parecía casi imposible que el más débil pudiera imponerse. Lo cierto es que Hayes llevaba un ritmo muy constante, tipo diésel, pero Petri, que demostró poseer un buen mapa mental, logró darle alcance y, poco después, lo dejó atrás. Cuando entró en el estadio debía sacarle por lo menos un minuto de ventaja.

Desfallecimiento

El público, enfervorecido, le ovacionaba sin cesar, deseoso de que si no podía ganar un inglés (su gran favorito, Jack, había quedado muy rezagado) por lo menos no lo hiciese un norteamericano. Nadie esperaba que Pietri, completamente exhausto, cayera al suelo a pocos metros de la meta. Se hizo un silencio expectante. El atleta de Capri intentó levantarse y dio unos cuantos pasos vacilantes, sin reparar en que iba en dirección contraria. Volvió a caer justo en el momento en que Hayes entraba en el estadio.

Ayuda y reclamación

Salvo los norteamericanos presentes, todo el mundo deseaba que Pietri se levantara y cruzara primero la línea de meta. Le empujaban a luchar. Quizá por eso los jueces le ayudaron a incorporarse. Casi arrastrándole, consiguieron que llegara en primer lugar. Pero una reclamación de Hayes, que había presenciado toda la escena mientras enfilaba sus últimos metros, provocó que Dorando fuera descalificado.

Momento de gloria

A pesar de todo, Pietri tuvo su momento de gloria. Un grupo de personas lo llevó en hombros hasta el palco, donde la reina Alexandra le entregó una copa de plata. El pequeño confitero se quedó sin medalla, pero fue tratado como el vencedor de la prueba. Oficialmente no, por supuesto. Ese privilegio correspondió a Johnny Hayes, con un registro de 2h 55′ 18”, récord olímpico que, como veremos en el siguiente post, fue pulverizado cuatro años después.

  1. En esa época se llevaban mucho los bigotes prominentes. Personalmente, no me gustan nada.

  2. Para ganar un maratón el peso es un factor importante. Recuerdo un atleta que consiguió el record mundial en 1.981 y en 1.983 ganó la prueba de maratón del mundial de atletismo, un Australiano llamado Rob De Castella, se decía que con sus 65 Kg., era un corredor muy corpulento.

  3. Creo que Inés estaría de acuerdo contigo, Ariadna.

    Sin duda, Antoni. Si De Castella era corpulento, imagínate nosotros. Los maratonianos profesionales casi nunca superan los 60 kilos y muchos de ellos se mueven por los 55 o incluso menos. Pero vamos, en mi caso aunque pesara treinta kilos menos estoy seguro de que, como mucho, lograría bajar de las tres horas, mientras que ellos sobrepasan ya en muy poco las dos.

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