Gloria olímpica (VI): Hannes Kolehmainen

Los Juegos de Estocolmo en 1912 se llevaron a cabo mientras en Europa se cocía lo que acabaría siendo la primera guerra mundial. La contienda impidió que las Olimpiadas tuvieran continuidad en Berlín en 1916, pero cuatro años después se retomaron en Amberes. Los ideales del barón de Coubertin salieron reforzados tras la cita en la ciudad belga, donde se creó la bandera olímpica con los cinco aros entrelazados: azul por Europa, rojo por América, negro por África, amarillo por Asia y verde por Oceanía). El vencedor en la prueba de maratón, el finlandés Hannes Kolehmainen, rebajó en más de cuatro minutos el anterior récord olímpico, logrando un registro de 2h 32’35”.

Hans Kolehmainen fue el primer finlandés en alcanzar la gloria olímpica

Hans Kolehmainen fue el primer finlandés en alcanzar la gloria olímpica

Aunque Amberes salió airosa de la prueba, lo cierto es que la guerra dejó muchas secuelas. Al funeral por los deportistas muertos en los campos de batalla, se añadió la ausencia de las naciones perdedoras (Alemania, Austria, Bulgaria, Hungría y Turquía), que no fueron invitadas por los organizadores. La URSS, que acababa de vivir la revolución de 1917, no ingresaría en el COI hasta 1952. Uno de los contrapuntos positivos fue el primer juramento olímpico, a cargo del esgrimista Victor Boin: “Juramos que nos presentamos a los Juegos Olímpicos como competidores leales, respetuosos del reglamento que los rige y con el deseo de participar con espíritu caballeroso para honor de nuestros países y gloria del deporte”.

Gloria finlandesa

Buena parte de la gloria se la llevaron los atletas finlandeses, que acabaron con la aplastante superioridad norteamericana de antes de la guerra. Uno de los más destacados, que explotaría definitivamente cuatro años más tarde en París, fue Paavo Nurmi, medalla de plata en 5.000 metros y campeón en los 10.000. Hijo de un carpintero, Nurmi era conocido como el hombre cronómetro. Fue seguramente el primer atleta que reguló sus carreras con la ayuda de un reloj, lo que le permitía dosificar su esfuerzo y mantener una gran regularidad.

Un atleta veterano

Otro finlandés, Hannes Kolehmainen, había sido, siempre con el permiso de Jim Thorpe, una de las grandes estrellas de los Juegos de Estocolmo de 1912. Allí se impuso en 5.000, 10.000 y cross, pero habían pasado ocho años y, siguiendo el ejemplo de otros atletas veteranos, se había pasado al maratón, una prueba muy exigente en la que la cabeza tiene tanta o más importancia que el físico.

Magnífico colofón

Lo cierto es que no le salió nada mal. Pocos le daban alguna opción, pero desde la salida se colocó en cabeza de carrera y ya no la abandonó hasta la meta. Su ritmo, muy fuerte para la época, sólo pudo ser seguido por el estonio Lossman, que no se lo puso nada fácil y al final cedió por únicamente trece segundos. Kolehmainen había acreditado en París 14’36” en 5.000 y 31’20” en 10.000 y ocho años después fue capaz de completar la distancia de Fidípides en 2h 32’35”. Puede que visto con la perspectiva de ahora sean unas marcas bastante modestas, pero 89 años después continúan siendo unos registros inalcanzables para casi cualquier atleta aficionado. Además, Hans Kolehmainen, un campeón popular, demostró en Amberes que la edad no es ningún obstáculo cuando derrochas entusiasmo y ambición.

  1. Me parece, Josep que el espítitu caballeroso de Coubertin hace tiempo que pasó a la historia, ¿no?

  2. Bueno, Xènia, tampoco es para tanto. Quizá no corran buenos tiempos para la educación y la urbanidad, pero estoy seguro de que el espíritu se mantiene. Mira a Federer, a Nadal, no sé, a Guardiola. Quieren ganar, pero también saben perder.

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