Gloria olímpica (VII): Albin Stenroos

París tuvo su segunda oportunidad 24 años después de la pobre organización de 1900. En esta ocasión, la capital francesa estuvo a la altura de las circunstancias y albergó a 3.092 deportistas que representaban a 44 países. Entre los ausentes, Alemania y sus aliados, que como ya ocurrió en Amberes no tomaron parte en la competición. Fueron los juegos en los que entró en escena el nadador norteamericano Johny Weissmuller, que con diecisiete años logró tres medallas de oro y posteriormente se convirtió en el Tarzán más famoso de todos los tiempos. Los 42,195 kilómetros del maratón fueron dominados de nuevo por un finlandés: Albin Stenroos.

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Albin Stenroos fue el elegido para la gloria en París 1924

La segunda cita a las orillas del Sena (es un decir, el estadio de Colombes estaba bastante alejado del centro de la ciudad) aportó además un lema que ha pasado a la posteridad: Citius, altius, fortius. Su autor fue el monje francés Henri Didon.

Récord con playeras

Pero París 1924 sirvió por encima de todo para consagrar a uno de los atletas más portentosos que se han visto nunca en las pistas, el finlandés Paavo Nurmi. En Amberes ya había obtenido tres medallas de oro, pero al cabo de cuatro años estaba aún en mejor forma y se impuso en cinco pruebas. Con este simple dato ya queda clara su superioridad, pero hay una anécdota que la resalta todavía más. Consiguió el triunfo en los 1.500 metros corriendo con playeras y una hora después las cambió por zapatillas con clavos para competir en los 5.000. Los ganó, por supuesto. Además, batió el récord olímpico en ambas pruebas.

Afán de superación

Más allá de sus éxitos (también fue primero en los 10.000, en el cross y en los 3.000 por equipos), Nurmi es un ejemplo para cualquier atleta con afán de superación. Entrenaba con una intensidad brutal, prestando una gran atención a los cambios de ritmo, que le proporcionaron un sinfín de victorias. Era todo un experto en el arte de adecuar la respiración al ritmo de sus zancadas y, como ya comentamos en el anterior post, sacaba mucho partido del uso del cronómetro, un instrumento perfecto para comprobar si llevaba la velocidad adecuada.

Pescado seco y pan negro

El dominio de Nurmi en las pruebas de fondo se complementó con la medalla de oro del también finlandés Albin Stenroos en el maratón, que completó en 2h 41’22”. Distanció al segundo clasificado, el italiano Bertini, en casi seis minutos y abrió un debate sobre el secreto del éxito de esos atletas rubios y de ojos azules. Lo único que trascendió fue un detalle relativo a la alimentación: comían pescado seco y pan negro; pero intuyo que no tenían ningún secreto y que la base de sus triunfos era el trabajo y la constancia.

Carros de fuego

Aunque no fuera maratoniano, creo que debo acabar este post con una referencia al velocista británico Harold Maurice Habrahams. Se impuso en los cien metros con 10’6” y muchos años más tarde inspiró la película Carros de fuego, que en 1982 obtuvo un Oscar.

  1. Hay un cierto aroma poético en este recorrido por la galería de atletas olímpicos. Poético porque se habla de los Juegos cuando no habla de ellos ni Ambrosio.

    Poético también porque se percibe en esta elección un afán de grandeza. Si vamos a forzar la carrocería, que sea con un espejo enfocado en los más grandes como inspiración.

    Paavo Nurmi suena a Pelé del mediofondo, alegra saber que en todas las épocas hubo ejemplares de nuestra especie que lograron pulverizar límites aparentemente insuperables.

  2. Siempre me gustó Johny Weissmuller, aunque me apena que acabara tan mal.

  3. Existen recetas maravillosas de pescado seco pero estoy segura que a esas no te refieres cuando hablas de lo que comían esos atletas rubios y de ojos azules.

  4. Pelé del mediofondo. Eso sí que es poesía, Pedro. Lo de forzar la carrocería también me gusta, pero habrá que ver si aguanta.

    Sí, Ariadna. El grito de Tarzán siempre ha sido uno de mis favoritos y, la verdad, no es una mala manera de enfocar eso que llamamos locura. Weissmuller murió siendo Tarzán, de eso no hay duda.

    Aciertas, Inés. Esos chicos no eran amantes de las salsas ni de ningún tipo de condimento, por ,lo menos cuando tocaba competir.

  5. Josep:
    Acabo de hacer los ultimos km. previos a la maraton.He pasado por la creueta y he gritado que un hijo suyo el domingo sera sub 4horas.Animos y suerte “!!!

  6. Supongo que si solo comían pescado seco y pan negro, no tendrían problemas con el doping, aunque entonces no se hacia ningún control. Con una alimentación tan pobre, parece imposible que pudieran aguantar un maratón. Me imagino que además de esto, cada uno tenía su propia forma de alimentarse y hasta de doparse, ya que no tenían ninguna referencia para saber lo que les podía ir mejor. Además de aspectos como el entreno y el calzado, porque las zapatillas que podían encontrar, no podían ser mas que simples alpargatas, y posiblemente tenían a alguien que se las hacia siguiendo sus instrucciones

  7. Muchas gracias, Pau. Es bueno que los que rozáis las tres horas no os olvidéis de los demás. Y ahora que lo dices, es prácticamente seguro que soy el único creuetense que ha corrido un maratón, de manera que, si finalmente lo consigo, seré el primer creuetense que lo ha acabado en menos de cuatro horas! (consideración contextualizadora: hay tan pocos creuetenses que hagas lo que hagas es muy posible que siempre seas el primero). Os deseo también mucha suerte a vos y a Santi. Ya os llamaré antes del sábado.

    Sí, Antoni. La verdad es que partían con mucha desventaja respecto a los atletas actuales. Nunca es justo comparar, pero me gustaría saber qué hubieran podido lograr con los medios de ahora.

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