La media maratón de Ripoll (I)

Cuando decidí aceptar la invitación de Pau Montoya para participar en la media maratón de Ripoll no hacía falta ser muy perspicaz para intuir que la distancia me llegaba demasiado pronto. Había diseñado casi con tiralíneas un programa de cuatro meses que, antes del Maratón de Barcelona (1 de marzo), contemplaba una media en enero y otra en febrero, pero la propuesta de mi amigo hizo estallar mi plan en mil pedazos a la segunda semana. “Puedes hacerlo perfectamente, ya lo verás”, me dijo Pau para acabar de convencerme. Y me inscribí en la prueba sin ni siquiera sospechar hasta qué punto podría convertirse en una pesadilla.

La primera parte de mi experiencia en la media maratón de Ripoll

La primera parte de mi experiencia en la media maratón de Ripoll

Al fin y al cabo, puede que los planes estén para romperlos, pensé el domingo a las siete y cuarto de la mañana mientras aparcaba el coche frente al Bar Núria de Girona. Cuando vi a Ignasi Montoya, el hermano menor de Pau, mis recuerdos se remontaron muchos años atrás, a una época en la que ambos jugábamos al baloncesto, exhibíamos espesas cabelleras y mirábamos hacia el horizonte con la certeza de que el mundo había sido desplegado para nuestro exclusivo beneficio. Y recordé una carrera en la Universidad Autónoma de Barcelona en la que yo, mucho más rápido que ahora, iba en el grupo de cabeza, detrás de dos tipos que de repente, con toda la naturalidad del mundo, se saltaron adrede una parte del circuito para atajar algo así como 300 metros. Fue un movimiento brusco y antinatural que, sin embargo, secundé por inercia, sin pensar, sin ni siquiera apercibirme de que había ejecutado una maniobra irregular hasta que me crucé con Ignasi y empezó a gritarme “¡Tramposo!, ¡tramposo!”. Al final creo que acabé entre los diez primeros y, mientras me tomaba un caldo reparador, Ignasi se acercó a mí para susurrarme al oído la palabra tramposo.

El tiempo dentro del tiempo

Tras contarle la anécdota, le pregunto si podrá perdonarme algún día. Ignasi sonríe y afirma que ya ni se acordaba, que estoy perdonado. Poco después llega Pau y nos subimos a su monovolumen en dirección a Celrà, donde recogeremos a Santi Sapena. Como personajes sacados de una novela de Günter Grass en la que el tiempo está dentro del tiempo, entremezclamos pasado y presente en unos diálogos aderezados con nuestra pasión por el running, los recuerdos del instituto Vicens Vives y la inminente Maratón de Milán. Yo voy detrás, al lado de Santi. No paramos de hablar y al cabo de un rato empiezo a darme cuenta de que me estoy mareando. “¿Quieres que paremos?”, me preguntan los hermanos Montoya. Respondo que no es necesario, que podré resistir hasta Ripoll, pero los casi 90 kilómetros de carretera se me hacen eternos.

Náuseas incontrolables

Y eso que la comarca del Ripollès, repleta de parajes prepirenaicos y pirenaicos de gran belleza, es también uno de los mayores referentes del arte románico en Europa, por lo que no me faltan excusas para mirar por la ventana. Pero todos los intentos de atajar las náuseas son inútiles y, cuando por fin llegamos a Ripoll, salgo disparado del coche para correr hasta detrás de un trailer, en una zona llena de hierbas y matojos en la que, sin ninguna contención, descargo todo el desayuno: dos plátanos, una naranja, tres tostadas con miel y un par de nueces. Ignoro la mirada de asombro de una chica que pasea a su setter irlandés y, tambaleante, me dirijo hacia mis compañeros, que me reciben entre risotadas. El termómetro marca dos grados bajo cero y lo único que me apetecería sería meterme en la cama, pero en menos de una hora empezará la carrera.

Frío y café

Tras hacer unas cuantas fotos con mi cámara digital, vamos al pabellón para recoger el dorsal. Es adhesivo, por lo que en principio no necesitamos imperdibles. Entramos en un bar. Ellos toman café, yo sólo agua. Descubro que en realidad me he inscrito en un campeonato internacional de atletismo de fondo que este año alcanza su trigésima edición, en una prueba de perfil complicado que, al parecer, puntúa triple en la Liga Internet. Lo último que me apetece es correr 21 kilómetros y 97 metros, pero ya estoy aquí y no voy a echarme atrás. Intento pegarme el dorsal a la camiseta, pero no acaba de fijarse bien e Ignasi me ofrece dos imperdibles que acepto encantado. Cuando salimos del bar sigue haciendo mucho frío y decidimos ir a calentar al pabellón.

Con Arcadi Alibés

Santi e Ignasi descubren entre los atletas al periodista deportivo Arcadi Alibés, una cara muy conocida en TV3. No es ninguna casualidad que esté aquí, porque ya ha disputado más de 90 maratones, tiene una web sobre este tema y alguna vez le he oído decir que correr es algo profundo y filosófico. Tras unas pequeñas dudas, le preguntamos si podemos fotografiarnos con él. Claro que sí, responde con una sonrisa. Una chica se ofrece a captar la imagen. De izquierda a derecha, Pau, yo, Arcadi, Santi e Ignasi. Un bonito recuerdo de una carrera que aún no ha empezado.

  1. No sabía que Arcadi Alibés corriera maratones! Noventa nada menos! Me ha gustado la previa de la carrera, pero ya tengo ganas de saber qué pasó después.

  2. ¡Ánimo que tú puedes! (Es que me he metido mucho en la lectura)

  3. No te pasaste un poco con el desayuno? Bueno, esto es muy personal, pero para mí que es mucho. Tenia un compañero, que el día que corría una maratón, se levantaba a la 4 de la madrugada para comerse un plato de arroz hervido, había otro, que solo se tomaba un café.

  4. Yo no te calificaría como “tramposo” ya que lo único que hiciste fue perseguir, sin otro remedio, a dos galgos que habías tomado como referencia, je,je,je.
    No te puede imaginar lo que disfruto leyéndote!!!!

  5. No puedo decir otra cosa que….¡qué gane el mejor!

  6. Hoy no tenía más intención que la de estar en casa, relajado, leyendo y de repente me encuentro en la línea de salida de una media matarón. Gracias.

  7. Sí, Xènia, Arcadi es un monstruo. Mañana acabo de contar lo que pasó.

    Gracias, Ana. Mañana sigo.

    Puede ser, Antoni. Quería conseguir mucha energía y me quedé sin fuerzas antes de empezar. Olvidé mi tendencia a marearme cuando no conduzco y hay alguna curva.

    Yo tampoco me considero un tramposo, Inés. Y lo que más me reconforta es que Ignasi haya acabado quitándole hierro al asunto.

  8. Gracias a ti por leerme, elhijodelchato. Te contesto aparte porque nuestros comentarios se han cruzado alrededor de las 20.35.

  9. me has dejado impaciente no me puedo imaginar como pudiste hacer la carrera con estas condiciones i mas acompañado.

  10. Muy pronto podrás leerlo, Santi.

  11. no sabia que coneguessin els Montoya. Jo anava a classe amb els seu germà , i també el germà Sapena.
    Bon reportatge.
    El bessonet

  12. Hòstia, Josep Maria, quina sorpresa!

    Sí, els conec del Vicens Vives. Feia anys que no els veia, però amb això del running ens hem retrobat. Gràcies pels ànims.

    (Nota aclaratoria: Josep Maria y yo nos comunicamos habituaalmente en catalán; para la próxima vez intentaré convencerlo para que haga su comentario en castellano, más que nada porque este es el idioma del blog)

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