Ley de Murphy para corredores (I)

En manos de Arthur Bloch, las peripecias de muchos corredores podrían desembocar en uno de esos libros cargados de agudeza que parten del pesimismo existencial (si algo puede salir mal, saldrá mal) para introducirnos en la vertiente más hilarante de leyes inexorables que, en función de nuestro estado de ánimo, no tienen ni la más maldita gracia. El domingo pasado, cuando conducía en dirección a Paracuellos del Jarama para participar en una carrera de diez kilómetros, todavía ignoraba que podría escribir un par de capítulos de ese libro imaginario.

\"Si algo puede salir mal, saldrá mal\"; pronto iba a comprobarlo

"Si algo puede salir mal, saldrá mal"; pronto iba a comprobarlo

Había pasado una mala noche, de esas en las que parece que duermas en El lado frío de la almohada (magnífica novela, por cierto, de Belén Gopegui) y todos tus sueños tienen en común que nunca hubieras deseado tenerlos y menos aún recordarlos. Pero me levanté a las ocho con la intención de desayunar algo muy ligero –un par de mandarinas– , cortarme las uñas de los pies y vestirme para la ocasión. Era un test complicado, porque el perfil de la carrera presentaba algunas cuestas importantes y, en general, parecía diseñado para fortalecer el espíritu de los atletas y castigar sus piernas y pulmones, algo que no viene nada mal cuando estás preparando un maratón.

Buenos presagios

Las predicciones meteorológicas hablaban de mucho frío, de manera que opté por pantalones y camiseta de manga larga y, tras dudarlo unos instantes, descarté llevar guantes o gorro. Ni siquiera ha llegado el invierno, pensé mientras me calzaba las zapatillas y, eso sí, cogía una sudadera con capucha para ponérmela antes de empezar a correr. Nada más poner la radio me enteré de que el Barça había ganado en Sevilla y el Madrid había perdido en Getafe, un buen presagio para una jornada en la que, tras la debacle de Ripoll, tenía que demostrarme a mí mismo que mi estado de forma empieza a ser bastante digno.

Nerviosismo previo

Animado por esta idea, accedí a la M-50 sin dejar de pensar en el recorrido, que había estudiado detalladamente por internet para no llevarme ninguna sorpresa desagradable. Aunque pueda parecer una tontería, siempre ayuda saber cuándo aparecerán los repechos más complicados y cuánto miden. Así sabes si puedes apretar porque la subida es relativamente corta o, por lo contrario, te conviene reservarte para llegar entero a un tramo más favorable. Aunque no tenía una importancia trascendental en mi preparación, la carrera de Paracuellos estaba marcada con letras gigantes en mi calendario, algo que por sí mismo ya contribuía a ponerme un poco nervioso.

Sin fuerzas

Sin dejar de visualizar los obstáculos que me esperan, me desvío por la salida 10 de la M-50 y noto que me cuesta poner la tercera marcha. Falsa alarma. Al incorporarme a la M-113, mi Peugeot 206 –que ya lleva casi 150.000 kilómetros y exhibe una izquierda llena de abolladuras que, a mi entender, lo distinguen de todos los demás– avanza sin ninguna dificultad hacia su objetivo. O eso creo. Porque cuando ya me falta menos de un kilómetro para Paracuellos el cambio de marchas se niega a obedecerme y, en plena cuesta, el coche se queda sin fuerzas y no me deja otra alternativa que pararme de cualquier manera en el arcén. Por fortuna, no tengo ningún vehículo detrás. Como es habitual en mí, tampoco llevo el móvil. ¿Y ahora qué hago?

  1. Es genial que tus sueños anticipasen lo que te iba a suceder, je,je,je. Te querían avisar pero no supiste descifrarlos.
    Estoy ansiosa esperando cómo resolviste la situación, sin guantes, gorra, y sobretodo, sin móvil.

  2. ¡Pobre Josep!

    No sé cómo todavía te atreves a andar por el mundo.Eres uno de los seres más desdichados que he leído.

    Pareces un tipo muy calculador y precavido, pero entonces…, ¿por qué esa cadena de infortunios? Por tu bien tienes que intentar averiguarlo: Si no lo consigues por ti solito te puedo recomendar una amiga psicoanalista que tengo. Otra opción es que leas un par de libros que te pueden dar una idea: “Simpático fracasado” y “Héroe flaco”. Son tíos parecidos a ti.

  3. jeje, una situación que, conociendo al protagonista, no me resulta extraña. El poder de la aventura aumenta si eres un tipo libérrimo, ajeno a los cacharros que tanto nos complican la vida.

    Lo que no se puede negar, Josep, es que estás modelando una serie de historias apasionantes. ¿O quizá sea la manera de montarlas más que el contenido mismo de las mismas?

  4. Mañana mismo llega la resolución, Ángela. Gracias por tu interés. Ojalá supiera leer los sueños.

    Bueno, Ana, tampoco me ha ido tan mal. Com mi historial, más de uno habría muerto veinte veces, si eso fuera posible. Y lo bueno es que, si sobrevives, luego puedes contarlo. Lo de la amiga psicoanalista, olvídalo y, respecto a esos dos libros que me recomiendas, dudo que leerlos me sirviera de algo, sencillamente porque no hay nada que hacer. (De todas formas -lo pongo entre paréntesis para darle la forma de susurro, con la esperanza de que no nos lea nadie más- no te creas todo lo que cuento).

    Exacto, Pedro. Que levante la mano quien nunca haya tenido averías o problemas con los cacharros. La diferencia es que nosotros lo contamos. Gracias por lo de apasionantes; no sé qué decirte, apenas estoy aprendiendo a escribir.

  5. Una posibilidad que tienes, es solo ir a carreras en las que puedas ir en transporte publico, como mínimo, podrás compartir los contratiempos.

  6. Antoni, ¿crees que Josep va a salir solo de este entuerto? Estoy convencida que a alguien involucra. Ya verás.

  7. ¡Qué frío! No sé si hubiera preferido estar corriendo o desolado en la carretera. Veremos a ver que pasa mañana…

  8. Pues no se Ana, de Josep se puede esperar cualquier cosa, además nunca se sabe si en lo que cuenta, cuanto hay de realidad o ficción. No me extrañaría, que apareciera un tal Pancracius empujando el coche

  9. Jajaja, buena idea, Antoni. Un día de estos aparecerá Pancracius, una versión mejorada de mí mismo, para demostraros lo que de verdad significa ser desdichado. Elhijodelchato, no puedo creerme que tengas frío, ¡si el termómetro aún supera los 0 grados!

    ¿Involucrar a otros, Ana? Jamás, jamás, saldré solo del entuerto. Aunque Toni tiene razón: no sería mala idea compartir los contratiempos.

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