Mi carrera en el maratón de San Sebastián

Llegué a San Sebastián con el objetivo de mejorar mi marca personal de 2:56 horas de París. Volví a Madrid con una marca muy satisfactoria y sabiendo que no hubiera podido haberlo hecho mejor. Estuve a punto de abandonar la carrera por una lesión. Esta es mi historia.

Mi carrera en el maratón de San Sebastián

Mi carrera en el maratón de San Sebastián

El maratón empezó a las 9 de la mañana. Como siempre, hay que madrugar para que no te pille el toro y poder llegar sin estrés al principio de la carrera. Inicié la mañana con pocas ganas pero tras quitarme el cansancio de haber dormido poco ese día estaba entrando en modo de automotivación.

Tal como estaba anunciado hacía bastante frio por la mañana. Decidí correr con manga larga y ponerme encima mi camiseta personalizada que había recibido como regalo hace un par de semanas. Mi novia y yo llegamos andando a la salida. Como ya dije anteriormente creo que el maratón de San Sebastián tiene un potencial de mejora enorme. Una cosa fundamental era no posicionar aseos móviles en la salida. Cuando hay más de 4.000 corredores que salen es un tema donde hay que ofrecer una solución.

Seis minutos antes del inicio ya era hora de quitarse la ropa larga que llevaba encima para no pasar frío. Los últimos minutos antes de la carrera son los que más me emocionan. Piensas en todo lo que has hecho, todos los entrenamientos duros que has realizado para poder estar ahí. Había hecho mis deberes y no me podía echar nada en cara. Es una satisfacción personal muy alta que no tiene nada que ver con realizar la prueba. Hay que vivirlo para entenderlo.

Visto que era un maratón “pequeño” me encontraba bastante cerca de la salida. La carrera se inició y empecé buscando mi ritmo ideal. Los primeros kilómetros eran poco espectaculares. Pase la marca de 10 kilómetros en 42 minutos y la media maratón en 1 hora y 28 minutos. Iba casi con el ritmo perfecto. Ahora tocaba aumentar un poco la velocidad para hacer la segunda parte de la carrera más rápida que la primera.

Tras pocos kilómetros notaba que el aumento del ritmo me estaba costando. Estaba llegando a mis límites físicos lo que me creaba dudas de si iba a ser capaz de aguantar de esa manera hasta el final. Al kilometro 26 pasamos por segunda vez por el estadio y empecé por primera vez a hacer cálculos en mi cabeza, lo que suele ser una mala señal. Tres kilómetros más tarde las cosas iban empeorando. Aparte del cansancio notaba que mi gemelo izquierdo con cada paso estaba poniéndose más duro creándome un dolor muy desagradable. En este momento tenía miedo de tener que abandonar por primera vez en nueve carreras antes de llegar a la meta. Tras tantas semanas de entrenamiento es lo peor que puede ocurrirte. 10 semanas de preparación intensa a la basura.

Al llegar al kilometro 30 decidí pararme para estirar. Tenía una pequeña esperanza de que esto podría relajar un poco el músculo y dejarme continuar aunque fuera a un ritmo mucho más despacio. Un espectador me vio y me dijo con cara de pena “es duro, eh…”. “Si lo es, pero todavía no estoy cansado…” – por lo menos no sería una razón para abandonar. A partir de ahí decidí no fijarme en el ritmo que me marcaba el pulsometro sino el que me marcaba mi gemelo izquierdo. Por suerte la situación no seguía empeorándose sino incluso había una leve mejora. La bajada de ritmo me dio la sensación de estar físicamente todavía muy fuerte: esta carrera la voy a terminar.

Era difícil no controlar el reloj sobre todo teniendo en cuenta que empezaron a pasarme muchos corredores que yo había adelantado en kilómetros anteriores. Incluso ya podía ver el grupo de corredores que buscaban la marca de tres horas acercándose. Estaba esperando que me fueran a adelantar en cada momento.

Tras varios adelantos llego un grupo de tres corredores que no iban a un ritmo mucho más elevado que yo. Decidí juntarme a ellos y dejarme “tirar”. De hecho no me tiraban ellos si no yo corría un poco por delante. Se trataba de un grupo de amigos. Uno se llamaba “Iván” y los amigos hacían de liebres para ayudarle a bajar de tres horas. Fue la segunda buena decisión junto con la de estirarme y bajar el ritmo para finalizar la carrera. Corrimos juntos a partir de kilometro 33. Una de las dos liebres creo que debería empezar una carrera como motivador personal. No paraba de motivar a su amigo “Ivan”. Para mí el efecto era como si me hubiera estado hablando a mí todo el rato. Por lo menos eso era lo que me imaginaba. “Venga, Iván. Vamos. Que vas bien. Aguanta el ritmo. Tú puedes. Recuerda los últimos meses de entrenamiento. Recuerda el esfuerzo. Hoy es hora de sembrar los frutos.” No paraba ni un minuto de hablarle a “Iván”. Iván estaba sufriendo como un perro. Creo que ya había corrido contra el muro por lo que su esfuerzo de aguantar el ritmo tiene todavía más merito.

Mi miedo seguía siendo mi gemelo izquierdo. Tenía miedo de que el hecho de haber vuelto a aumentar un poco el ritmo para bajar de tres horas iba a ir en mi contra en el último minuto. En los tres últimos kilómetros notaba que el muro no estaba lejos. Tras la experiencia de varias carreras he desarrollado un buen método para evitar el momento de cansancio brutal hasta el final. Este momento se estaba acercando.

Iván seguía luchando contra sus piernas y su cansancio. Su amigo casi me dejó olvidar los próximos dos kilómetros. Kilometro 41: ya nada más quedaban 1.195 metros. “¡Bum!” Llegó el muro. Puede parecer sorprendente pero he visto corredores que 500 metros antes de llegar a la meta tuvieron que abandonar. Yo quería llegar. De lejos se veía el estadio. “¡Iván, no, no te pares!” escuchaba de repente. 500 metros antes de llegar los amigos luchaban para que Iván se pusiera otra vez en marcha. Entrada al estadio. Ya se veía de lejos la meta. Pasando el kilómetro 42. ¿Tanto son 195 metros? Recta final. Aplausos. Espectadores. Emoción.

Me di la vuelta para buscar el grupo de amigos. Entraron unos 30 segundos después de mí. Le felicite a Iván por haber bajado de 3 horas. A los otros dos les di las gracias por haberme motivado durante los últimos 9 kilómetros y conseguir una marca decente de 2:58:09, no sé si sin ellos lo hubiera conseguido. Si llegáis a leer este artículo: ¡gracias otra vez por vuestra ayuda!

  1. Espectacular cronica! Yo me estreno con Don Marathon este próximo
    domingo en Castellon.A por el! Saludos!

  2. Excelente articulo! enhorabuena por haber completado exitosamente el maratón.

  3. ¡Qué pasada de relato! Yo me estreno este año con el de Madrid, y se me ha puesto la carne de gallina leyendo este relato. Qué bien transmites sensaciones

  4. Gracias Alejandro. ¡Suerte en Madrid! Igual la repito …

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