Récord frustrado (I)

Uno de mis pasatiempos favoritos consiste en inventarme desgracias. Me encanta putear a los protagonistas de mis historias y, como que muchas veces las escribo en primera persona y la mayoría de los pocos lectores que tengo se imagina que el narrador soy yo, que eso que estoy contando me ha sucedido a mí, ocurre con frecuencia que a veces me miran con cierta lástima, como si creyeran que he sufrido muchísimo. Pero ahora me dispongo a contar un caso real, algo que efectivamente me pasó a mí, narrador y protagonista, a finales del año pasado en Aranjuez. Es, como indica el título, la historia de un récord frustrado.

Ésta es la historia de un récord frustrado en Aranjuez

Ésta es la historia de un récord frustrado en Aranjuez

Me encontraba en la recta final de la preparación para el Maratón de Madrid y había marcado con letras gigantes en mi diario la carrera de diez kilómetros de Aranjuez, quizá la más prestigiosa y concurrida del panorama atlético madrileño. El perfil de la prueba es conocido por ser prácticamente llano y, en consecuencia, ideal para conseguir buenas marcas. Claro que lo de buenas siempre es relativo y depende de con quién te compares. En realidad, el récord al que aspiraba se encontraba a quince minutos luz de la mejor marca de la prueba y ni siquiera se trataba de mi mejor registro de la historia, porque recuerdo muy bien que a los veinte años bajaba con frecuencia de los 40 minutos (40′) en las carreras de 10.000 metros. Pero en este tramo de la vida, superados ya los 40 (¿qué tendrá esta cifra, que ha salido tres veces en dos líneas?), me conformaba con recorrer esta distancia en 45′. Equivaldría a una medía de 4.30 por kilómetro, que para mí ya empieza a estar bien.

Un buen calentamiento

Cuando estamos saliendo de Getafe recuerdo que, con las prisas, me he dejado el cronómetro. Ya sé que hoy en día, con los chips y las modernas técnicas de medición, conoceré mi tiempo nada más llegar, pero me interesa controlarlo kilómetro a kilómetro y le digo a Inés que tenemos que volver a casa. Se ha ofrecido a acompañarme, algo interesante porque, además del indiscutible apoyo moral que recibiré, me guardará las llaves del coche y la chaqueta con la que me abrigaré hasta poco antes del inicio de la carrera. Hace mucho frío y, en contra de mis costumbres, decido calentar a fondo, no sea que me quede helado antes de empezar. Las calles están infestadas de atletas, dicen que llegamos a 4.000, y me dedico a dar vueltas a un improvisado circuito alrededor de un quiosco mientras mi mujercita lee la prensa del día sentada en un banco, al sol.

Nervios

Me sorprende comprobar que soy de los únicos que va en pantalón corto, una temeridad que no parece tan arriesgada si me comparo con un señor que ya debe superar los setenta años y viste una camiseta ¡sin mangas! Intento averiguar si siente algo de frío, pero nada en su semblante indica que lo esté pasando mal. Yo, en cambio, estoy nervioso. Físicamente me siento bien. Tengo la referencia de la carrera de Getafe (46.20) y me consta que estoy en mejor forma que hace un mes, pero aun así me preguntó si podré superar mis límites actuales. Con el título que he puesto ya sabéis que no, pero más que intrigaros me interesa contar –en la próxima entrega– lo que pasó.

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  1. Yo apuesto a que el señor que supera los setenta queda por delante de ti.

  2. Veo que le has cogido gusto a los capítulos. Bueno, es otra forma de engancharnos y a mí me tienes enganchada.

  3. Veo que apuestas a caballo ganador, Ana. ¡Así cualquiera!

    Sí, Xènia. La intención inicial siempres es hacer un solo artículo, pero si veo que me alargo mucho lo divido en dos o, como en este caso de Aranjuez, en tres.

  4. No tiene gracia que le hayas puesto este título, porque que ya sabemos que no lograste tu meta. La verdad es que si, que en tus historias, se confunde a menudo realidad y ficción, si hablas en primera persona o no. Rosa y yo, ya estamos dudando de si este verano, te dejaste el coche desfrenado o le pasó a Pancracius.

  5. Vaya, Antoni, lo siento. Para la próxima vez lo tendré en cuenta, aunque mi intención no era crear intriga sobre qué pasó sino sobre cómo pasó.
    Lo cierto, os lo aseguro, es que este verano en Sant Miquel de Fluvià fui yo quien se dejó el coche desfrenado, aunque, ahora que lo dices, le podría haber ocurrido perfectamente a Pancracius. Dale un beso a Rosa de mi parte.

  6. Vaya, vaya, me juego el cuello a que terminaste debatiendo con el anciano en algún bar que había a lo largo del recorrido, departiendo con el abuelete sobre alguna película y con un buen caldito entre manos para calentaros. En cualquier caso, seguiré con atención los siguientes capítulos de esta intrigante historia ribereña.

  7. Hombre, Rubens!, pensaba que estabas en Praga o en Sudáfrica, aunque, claro, a lo mejor escribes desde ahí. En los próximos días saldrán los capítulos restantes, ya me dirás qué te parecen.

  8. no, de momento sigo en la capital centralista y centrípeta del estado opresor… de Praga ya volví y a Sudáfrica ya me iré! seguro q me parecen cojonudos los capítulos restantes.. por algo tú eres para mí una suerte de maestro jedi.. de ti aprendí todo lo que sé.. o ignoro.. jajaja! Abrazote!

  9. por cierto.. tú eres el dorsal 1002??? parece una auténtico tirillas!! hubiera jurado q se trataba de don Chema de la Torre!!

  10. y peter es el q se encuentra entre el dorsal 1002 y el 3709! es decir, el q resopla! ya sabes q a peter le sienta fatal acudir a un maratón tras una noche fiestera en vete tú a saber qué ciudad!

  11. ¿Cómo te atreves a insinuar que soy el dorsal 1002, Rubens? (con todos los respetos para el dorsal 1002, claro)Por mucho que haya adelgazado, estoy bastante más fuerte que el dorsal 1002! La alusión a Chema de la Torre mejor que la responda él y, por lo que respecta a Peter, cierto es que sus salidas nocturnas a lo largo y ancho de la geografía española le están pasando factura. Pero oye, se supone que este es un blog serio y, por lo tanto, ya que para ti soy una suerte de maestro jedi, te hago una llamada al orden y al respeto. Un abrazo.

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