San Silvestre: millones de atletas desafían a los dioses

En el Libro Primero de la Eneida, Virgilio se dispone a cantar las aventuras de Eneas, el desterrado troyano que con unas cuantas barcas atestadas de prófugos anda errante por el mar en busca de una nueva tierra, juguete del capricho de los dioses y los decretos del destino. Este 31 de diciembre, millones de corredores populares de todo el mundo se disponen a vivir su última aventura (atlética) de 2008, participando en alguna de las miles de carreras de San Silvestre que se llevan a cabo a lo largo y ancho del planeta. Puede que no sean Eneas, ni estén desterrados ni anden errantes por el mar, pero seguro que en 2009 buscarán nuevas tierras para pisar con sus zancadas, desafiarán a los dioses que se obstinan en hacernos un año más viejos y combatirán los decretos del destino con la determinación de quien busca la aventura aunque sea en el parque de la esquina.

31 de diciembre, la fiesta grande del atletismo en ciudades como Madrid

31 de diciembre, la fiesta grande del atletismo en ciudades como Madrid

No tenía nada clara la relación de San Silvestre con los corredores, pero buceando en internet he descubierto que el papa romano Silvestre I murió el 31 de diciembre del año 335, 1.590 años antes (si no me fallan los cálculos, ya sabéis que de matemáticas ando flojo) de que se organizara en Sao Paulo la primera carrera popular bautizada con su nombre. Parece ser que Silvestre I, el primer papa que no murió mártir pero sí santo, gobernó la iglesia católica en la época en que se acabaron las persecuciones y el emperador Constantino decretó plena libertad para practicar en todas partes la religión de Jesucristo. Puede que se acabaran las persecuciones, pero casi dieciséis siglos después unos brasileños decidieron que San Silvestre sería conocido sobre todo por las carreras. Y si no me creéis buscad su nombre en Google, a ver qué encontráis.

De la noche a la tarde

El caso es que a la San Silvestre de Sao Paulo –que se inspiró en carreras similares que se realizaban en Francia de noche y en las que los corredores portaban antorchas– le han salido imitadores por todas partes. En España, la más popular es la San Silvestre Vallecana, pero la lista de ciudades y pueblos que cuentan con pruebas de este tipo es interminable. En Sao Paulo se corría originalmente durante la noche de año nuevo, pero desde hace unos años la prueba se realiza por la tarde, con el objetivo de ampliar el número de participantes y evitar que coincida con las celebraciones de año nuevo. Inicialmente abierta sólo a competidores brasileños, en 1945 asumió su carácter internacional. Es una carrera muy popular y eminentemente festiva. A veces demasiado: hace años, algunos corredores ¡pasaban sobre los coches aparcados!

Componente lúdico

Lo cierto es que, sin llegar a estos extremos, el componente lúdico está presente en la mayoría de las san silvestres, tan abundantes como variadas. No es nada raro ver a gente disfrazada: los gorros de Papá Noel comparten protagonismo con los trajes de Spiderman, las brujas con o sin escoba y los renos de cuernos colosales, por citar sólo cuatro ejemplos. La gente ríe y canta, muchos se lo toman como un anticipo de la fiesta de horas después y más de uno y de dos corren con todo el aspecto de ser víctimas de una intoxicación etílica, un contrasentido que sólo tiene razón de ser en fin de año.

Recorridos diversos

Desde hace unos cuantos años, la de Sao Paulo tiene un recorrido de quince kilómetros, mientras que la vallecana, que también se corre por la tarde, se queda en los diez. La carrera madrileña se disputó por primera vez en 1964 y desde entonces no ha parado de crecer. En la actualidad deberíamos hablar de dos carreras: la popular, abierta a cualquier persona mayor de diez años, y la internacional, limitada a 500 atletas con una marca inferior a 38 minutos en hombres y 45 en mujeres.

“Ya lo quemaré”

Para los que somos golosos por naturaleza y al llegar estas fechas (o todo el año, para qué engañarnos) devoramos toneladas de turrones, mazapanes y polvorones, San Silvestre ofrece además la posibilidad de sentirte un poco mejor con la dieta ultracalórica que estás llevando estos días. “Ya lo quemaré”, dice más de uno cuando repara en las miradas acusadoras que le recriminan sin palabras que acabe de zamparse su decimoquinto canuto de chocolate. Y yo puedo decir en mi descargo que este 31 de diciembre voy a correr dos carreras de San Silvestre, en realidad de Sant Silvestre: la de Riudellots de la Selva (siete kilómetros, once de la mañana) y la de Girona (5,4 kilómetros, seis de la tarde). ¿Lo has leído, mamá?

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